17 de febrero de 2026
Tendencias
Las comidas más peligrosas del mundo
Algunos alimentos desafían algo más que el paladar: ponen a prueba el conocimiento humano y la línea entre tradición y riesgo real.
Por: Redacción Soho
Viajar ya no es solo conocer ciudades. También es probar lo que otros pueblos consideran parte de su identidad. Y en esa búsqueda por experiencias extremas, la gastronomía ocupa un lugar privilegiado. Pero hay sabores que no solo sorprenden: pueden matar si se manipulan mal.
Lo fascinante es que estos platillos no son experimentos modernos ni retos virales. Son tradiciones milenarias, perfeccionadas por generaciones que aprendieron a domesticar toxinas, bacterias y compuestos potencialmente letales a través de técnica y paciencia. Sin embargo, comerlos podría ser una imprudencia automática.
Fugu: precisión quirúrgica en un sashimi
En Japón, el fugu —pez globo— es probablemente el ejemplo más conocido de cocina de alto riesgo. El animal contiene tetrodotoxina, una neurotoxina hasta 1.200 veces más potente que el cianuro, capaz de provocar parálisis muscular y fallo respiratorio. No existe antídoto.
Por eso, solo chefs con licencia oficial pueden prepararlo. El entrenamiento puede durar años y culmina con un examen práctico donde el aspirante debe limpiar el pez sin contaminar la carne comestible. Cada año se registran casos de intoxicación, generalmente relacionados con preparación doméstica o pesca recreativa sin certificación.

San-nakji: cuando el peligro es mecánico
En Corea del Sur, el riesgo no está en el veneno sino en el movimiento. El san-nakji consiste en pulpo recién cortado servido crudo, cuyos tentáculos aún reaccionan gracias a la actividad neuromuscular residual.
Las ventosas pueden adherirse al paladar o la garganta si no se mastica con cuidado. Las autoridades surcoreanas han documentado casos anuales de asfixia relacionados con este platillo.

Hákarl: la química del Ártico
El tiburón de Groenlandia no puede consumirse fresco. Su carne contiene altos niveles de urea y óxido de trimetilamina, compuestos que lo vuelven tóxico en estado natural. En Islandia, la solución fue desarrollar un proceso ancestral: enterrar la carne durante semanas para permitir que los fluidos drenen y luego dejarla secar varios meses.
El resultado es el hákarl, famoso por su olor penetrante y sabor amoniacal. Más que un alimento cotidiano, es una reliquia cultural que recuerda cómo las sociedades nórdicas sobrevivían en entornos extremos.
Ackee: la fruta que no perdona errores
En Jamaica, la ackee es símbolo nacional. Pero su consumo exige precisión. La fruta contiene hipoglicina A, una toxina que puede causar hipoglucemia severa si se ingiere antes de madurar correctamente. El llamado “síndrome de vómitos jamaiquino” ha provocado hospitalizaciones e incluso muertes cuando se consume de forma inadecuada.
La clave está en esperar a que la fruta se abra naturalmente en el árbol y retirar completamente las semillas y membranas tóxicas. Solo entonces se convierte en la base del tradicional ackee con bacalao.








